Category Archives: Economic Justice

Dorothy Day and the “Duty of Delight”

AnnemariePic
by Annemarie Coman, Diocese of Joliet’s Catholic Campaign for Human Development Intern and Catholic Worker at the Nativity House Catholic Worker Farm

I’ve recently been perusing a collection of Dorothy Day’s dairies bound in a book by the title, “The Duty of Delight.” Although in many pictures Dorothy Day appears rather stern, it is beautiful to reflect on what I would like to call her “theology of delight.” Dorothy Day was by no means a frivolous person, and any account of her life will recount her tireless pursuit of justice, her determined work for the dignity of the poor, her strength of will and passion for peace. And how can we forget her actions as a citizen, her boycotting and outspoken articles in pursuit of peace that at one point even got her arrested? All of these point to Dorothy’s incredible grit and perseverance to do what her conscience demanded, and her conscience demanded a lot, guided as she was by her Catholic faith.

But I think it is also important ( and helpful ) to remember that Dorothy, as a human, like all of us, needed beauty and the delight of being a follower of Christ to sustain her in her work. She says, “It is joy that brought me to the faith, joy at the birth of my child 35 years ago, and that joy is constantly renewed as I daily receive our Lord at Mass” (328).  To Dorothy, it seems that delight and the hard work of her faith went hand and hand. Dorothy took great delight in the Eucharist, and in her diary she often notes her experience at daily mass, which she considered to be the climax of her day. Dorothy also delighted in the beauty of nature. In her diary dated September 1, 1962, she writes:

Mass at 8. Most beautiful surroundings. Low tide and I collected shells, very large mussels. Two “lights” which came to me in my life for which I shall be always thankful […]when I realized that the pleasures of the intellect would grow, that the delights in the search for God would never end—at the beach.

It is beautiful to me here that Dorothy mentions Mass and then the tide of the sea all in one breath, we almost don’t know if her phrase “beautiful surroundings” is meant to describe the first or the second experience. I would argue both. In both she sees the beauty of God, and delights in his presence. The next day, September 2, 1962 she writes again of this beauty:

Up at six. A still foggy day, very close. Great clamor from crows, great murmurings among starlings, laughing gulls. I can sit on balcony overlooking water. The smell of the sea at low tide[…]It is good to sit out here in early morning and think and pray[…] (337).

And again on June 8,, 1970:

All this a.m. sat in sun, basking in the beauty of the river (504).

In these excerpts one may wonder, what is this woman of action doing collecting shells, sitting and recording the actions of birds, the fog on a lake, the beauty of a river? How does this help her mission to serve the poor, to be a witness to Christ? It is clear though, that this kind of delightful contemplation was essential to Dorothy’s work and way of being. She saw this contemplation of beauty as more than just a frivolous gift to enjoy when one has time, but a “duty.” In fact, this duty of delight helps her as she thinks through her pursuit of nonviolence. The quote from September 2 continues in the following way,

To me the issue is always that of nonviolence as well as man’s needs on this earth where God put us to work out our salvation. How are we to achieve some measure of justice, striven for because of our love for our brothers?[…] I go to see Christ in my brother the Cuban… (337).

As Dorothy contemplates her mission of nonviolence and her trip to Cuba she delights in the beauty of nature and it does not “distract” her from her duty but rather fuels it. The beauty of God in nature feeds her soul to discover the beauty of God in her Cuban neighbor.

Might we all remember that delight is our duty as Christians, and it is not scarce. In the beauty of nature and the gift of the Eucharist we, like Dorothy Day, can draw delight and true joy in God’s presence and find the strength to work for peace and justice right where we are. In this way we can follow Pope Francis’ direction. For he says in The Church of Mercy, “And here the first word that I wish to say to you: joy! Do not be men and women of sadness: a Christian can never be sad! Never give way to discouragement! Ours is not a joy born of having many possessions, but of having encountered a Person: Jesus, in our midst.”

 

Works Cited:  Day, Dorothy, and Robert Ellsberg. The Duty of Delight: the Diaries of Dorothy Day. Image Books, 2011.

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POR MÉXICO ¡ACTUEMOS! Mensaje de los Obispos de México

Este mensaje fue publicado en la pagina de la Conferencia Episcopado Mexicano.

Cuautitlán, Izcalli, Edo. de México, 30 de abril de 2014

Con mucho cariño, a todas y a todos les hacemos llegar el saludo de Pascua con las motivantes y esperanzadoras palabras de Jesús resucitado, vencedor del mal y de la muerte: ¡La Paz sea con ustedes!

Con ustedes y como ustedes sentimos gran preocupación por el futuro de nuestro País. Por eso, ante las recientes Reformas Constitucionales aprobadas hacemos nuestras las inquietudes de nuestro pueblo y nos preguntamos de qué manera serán benéficas sobre todo para los que han estado permanentemente desfavorecidos, o si serán una nueva oportunidad para aquellos acostumbrados a depredar los bienes del País.

¿Qué garantizará que la Reforma Educativa impulse un verdadero desarrollo integral para todos; una reforma en la cual se reconozca el derecho fundamental de padres y madres de familia, y la sociedad en su conjunto asuma la responsabilidad que le corresponde; y no venga a alimentar una nueva estructura burocrática que sólo defienda sus propios intereses? ¡Sin educación de calidad no hay personas, ni pueblos libres!

¿Qué garantizará que la Reforma Fiscal fomente una contribución verdaderamente justa, equitativa, corresponsable, clara, sin complejidades y que sea utilizada con honestidad y transparencia para construir un país con menos desigualdades, que favorezca el empleo digno y bien remunerado y las inversiones productivas; o será una maraña en la que puedan evadirse o esconderse quienes se benefician de los recursos del pueblo de México? ¡Sin honestidad, veracidad y transparencia los recursos seguirán siendo botín de pocos!

¿Que garantizará que la Reforma Política consolide una auténtica democracia y una real participación ciudadana que supere las artimañas de los más habilidosos para lucrar con el poder? ¡Sin verdadero amor al prójimo, sólo habrá una búsqueda ambiciosa de pedazos de poder!

¿Qué garantizará que la Reforma Energética haga que los recursos del País se inviertan para superar los graves atrasos de gran parte de la sociedad mexicana, y que las inversiones públicas o privadas, nacionales o extranjeras sean promotoras de progreso social, humano y comunitario, y cuidadosas del medio ambiente, por encima de intereses particulares? ¡Si la persona humana no está por encima del dinero, el dinero le pondrá precio a cada persona!

¿Qué garantizará que la Reforma en Telecomunicaciones ponga al alcance de todos las ventajas de la tecnología, la calidad de los contenidos y el respeto a la dignidad y privacidad de los ciudadanos? ¡Sin verdad y sin justicia los monopolios sólo cambiarán de manos, la manipulación de la opinión pública y de los contenidos la definirán los intereses dominantes!

Las reformas son necesarias para adecuarnos al presente en la búsqueda de un futuro mejor. ¡Pero no nos engañemos! Si no se reforma la mente y el corazón, si no se reforma la conciencia que genere una auténtica escala de valores y nuestra capacidad de encuentro y fraternidad solidaria no habrá reforma que nos ayude a superar las intolerables desigualdades e injusticias sociales que nos llevan a estar más atentos por la vida privada de los artistas, que por el sufrimiento de los migrantes arrojados de un tren por no tener para pagar a los extorsionadores; o a ver como estadística y nota periodística los secuestros, la trata de personas, la impune actividad del crimen organizado, las cuotas forzadas, la violencia y los cadáveres decapitados en fosas clandestinas.

No podemos acostumbrarnos a tener en la pobreza a más de cincuenta millones de mexicanos, muchos de ellos en una miseria que les condena a morir sin atención médica. Esa indiferencia cómplice en contra del valor de la vida humana, es la que hace que se festeje que miles de niños en gestación sean sacados del vientre de la madre para ser arrojados a un bote de basura. ¡Nos falta una verdadera reforma interior para que el País sea mejor!

Aunque esta visión de la parte dolorosa de nuestra realidad podría llevarnos al fatalismo que nos vende la idea que ante el mal no hay solución; que es mejor legalizarlo en la droga o transar con él en el crimen, los creyentes, y en particular los cristianos, sabemos que el camino para superar todo lo que destruya la vida o la dignidad humana, necesita siempre la entrega generosa de la propia vida.

¡Cristo venció el mal y la muerte con el poder del bien y del amor! Él nos dice: “No tengan miedo, yo he vencido al mundo”. En consecuencia los cristianos católicos no podemos rendirnos, ni sentirnos derrotados, sino urgidos a participar con la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado.

A todos nos urge ser positivos y propositivos. No podemos lamentar el mal sin actuar contra él. La búsqueda personal y sincera del bien, la vida familiar como transmisora de valores y de comunicación armónica, los diversos grupos e iniciativas sociales que buscan el mejoramiento de la vida política, económica, cultural, familiar, social, laboral, etc. son espacios de participación. ¡Esa participación debe ser cada vez más consciente, organizada y oportuna! No dejemos que las decisiones queden en manos de unos pocos que miran a sus propios intereses. ¡Actuemos!

Nadie esta dispensado de actuar para hacer el bien. El País es de todos; y entre todos tenemos que sacarlo adelante haciéndonos más participativos. Sin participación social nos hundiremos.

Los recién proclamados santos, San Juan XXIII y San Juan Pablo II, trabajaron en medio de múltiples obstáculos por un mundo mejor para todos, por su fe en Jesucristo y amor al prójimo. Ellos son un referente para nuestra desafiante tarea. La Iglesia mexicana seguirá contribuyendo a generar paz y unidad en nombre de Dios.

Que Santa María de Guadalupe interceda por nosotros para que Dios nos conceda la inteligencia, la sabiduría y la valentía de construir juntos un México mejor.

Por los Obispos de México.

† José Francisco, Card. Robles Ortega                                    † Eugenio Lira Rugarcía
Presidente de la CEM                                                               Obispo Auxiliar de Puebla
Arzobispo de Guadalajara                                                         Secretario General de la CEM